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Merece la pena intentarlo

Hay ocasiones en las que la vida nos pone serias dificultades en el camino y es probable entonces, que la oscuridad, la tristeza y/o la desesperanza nos cieguen, de tal modo que este estado no nos permita ver la salida con claridad y sintamos también, que no existe una solución a lo que nos está pasando. Es entonces cuando nos damos por vencidos, sentimos impotencia, tenemos la percepción de que no tenemos control sobre lo que nos sucede y pensamos que no merece la pena intentarlo.

Si estás pasando por un momento así, te invito a leer este cuento…

Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata.
Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir de la superficie y respirar.
Una de ellas dijo en voz alta: “No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”.
Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo: “¡No hay manera! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora”.
Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas. Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla.
Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí pudo regresar a casa croando alegremente.

Esta pequeña historia, nos muestra cómo no debemos rendirnos ante la adversidad. Muchas veces pensamos que hay situaciones o circunstancias que no podemos cambiar y directamente, nos damos por vencidos sin apenas haber intentado buscar una solución. Este tipo de actitud está muy relacionado con lo que se llama indefensión aprendida, esto es, que aprendemos a comportarnos pasivamente con la sensación subjetiva de no poder hacer nada, como consecuencia de una historia de aprendizaje de fracasos previos ante el manejo de situaciones.

Recuerda este cuento cuando estés perdiendo la esperanza. Empieza a patalear, no te rindas, si no te esfuerzas, no será fácil encontrar la solución a tus problemas.

Cuento de Jorge Bucay.

Publicado en Psicología General

Un comentario

  1. Awesome you should think of sohtimeng like that

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