Saltar al contenido →

Decisiones: Oportunidades y descubrimientos

En la vida los cambios son inevitables porque para bien o para mal, nada permanece siempre. Por eso, la vida es también un continuo decidir. Tomamos decisiones para crear cambios, y otras veces, los cambios nos llevan a tener que tomar decisiones.

Y puede que haya ocasiones en las que estemos seguros y convencidos de las decisiones que tomemos, pero también habrá muchas otras en las que nos cueste elegir entre una dirección u otra, entre un continuar o parar, o simplemente entre un decidir o no decidir.

Por un lado, sentimos la necesidad de hacer algo distinto y dejar atrás la insatisfacción, pero por otro, preferimos la comodidad de lo conocido y a su vez, nos inquietamos por la incertidumbre de lo que pasará.

El miedo es en estas circunstancias el protagonista de nuestras emociones. Principalmente el miedo a equivocarnos, a lo desconocido, a hacer daño… y como consecuencia de ello, surge la evitación, nos dejamos llevar por la pasividad para así, dejar de “escribir” nuestro futuro sin hacerle frente. Pero ¿Sabes qué? El miedo solo se elimina cuando pasamos a la acción y nos atrevemos a cambiar.

Además, lo cierto es que las decisiones no son correctas o incorrectas. Cada decisión que tomemos nos traerá unas cosas buenas y otras malas. Objetivamente no hay una decisión mejor que otra. Claro está que no existe la perfección.

Hay que tener en cuenta que elegir significa renunciar. Con cada decisión que tomemos, tendremos que ser conscientes de que habrá que perder algo para poder avanzar, y por supuesto, romper hábitos a los que estamos acostumbrados para conseguir lo que queremos. Pero elegir también significa descubrir. Es decir, salir de la zona de confort a la que estamos habituados para vivir experiencias nuevas.

Todos somos sensibles a los resultados de las decisiones que tomamos. Si las cosas salen bien, estamos contentos, salimos fortalecidos de la situación. Pero si las cosas salen mal, nos desanimamos, nos sentimos culpables y frustrados. La cuestión es ¿Y qué? Un fracaso no hizo fracasado a nadie. En el caso de darnos cuenta de que hemos tomado la decisión menos buena, siempre tenemos la oportunidad de tomar otra que nos acerque más a lo que buscamos.

Tomar decisiones va ligado a crecer. No dejemos que las circunstancias y el paso del tiempo decidan por nosotros. Hagámonos responsables de nuestra vida y descubramos que es lo que pasa. Cuanto antes lo hagamos, antes obtendremos los resultados que buscamos.

Publicado en Psicología General

Un comentario

  1. I told my kids we’d play after I found what I nedeed. Damnit.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *