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Conflictos familiares con hijos adolescentes

La adolescencia es la etapa de la vida en la que se busca la propia identidad y un lugar entre los iguales. En ocasiones, se pierde el interés por estar con los padres y a estos les da la sensación de que sus hijos han dejado de lado los valores que les han inculcado desde pequeños. Suele existir una falta de entendimiento y comprensión por ambas partes. Este motivo y otros similares pueden ser la causa de conflictos familiares.

Son muchos los cambios biológicos y psicológicos que se producen en el adolescente. Es por ello, que debemos comprender como afecta a nuestros jóvenes para poder acompañarlos en esta etapa del desarrollo tan importante.

La adolescencia es el periodo en el que se alcanza la madurez sexual, y por tanto, esto trae consigo una revolución hormonal importante, ocasionando cambios en el estado de ánimo y un crecimiento físico muy rápido. Además la falta de maduración de sus lóbulos frontales puede ser en algunos casos el responsable de la incapacidad para reprimir impulsos, explicando así la impulsividad e incluso conductas de riesgo y/o adictivas. Esto puede ser un problema con padres excesivamente rígidos convirtiendo esta etapa en especialmente conflictiva.

La rebeldía que caracteriza esta fase es normal. Es aquí donde se preparan para volar del nido, buscar su pareja sexual y encontrar un sitio con sus iguales. Es por tanto natural que existan discrepancias en la relación padres-hijos ante la dificultad de aceptar que los hijos se hacen mayores y las necesidades del propio adolescente.

Aparecen también, cambios cualitativos en su estructura del pensamiento. La capacidad de razonar se centra mayormente en sí mismos. Muchos pueden pensar que las experiencias que viven son únicas y que sus padres no los entenderán. Los amigos y compañeros pasan a ser su referente principal, imitando conductas entre ellos mismos.

Pautas a tener en cuenta para mejorar la relación padres-hijos adolescentes

– Asumir que el adolescente ha dejado de ser un niño y adaptarse a los cambios que se irán produciendo.

– Ser limitadores y vigilantes de sus comportamientos pero permitir siempre al adolescente libertad y autonomía, así como su propio espacio de intimidad.

– En caso de conflicto es importante no imponer criterios a la fuerza. Es decir, se deben aportar argumentos para que él elija el camino que considere siendo protagonista de sus decisiones.

– Ser flexibles, aunque la última decisión deben tomarla los padres.

– No discutir cuando ambas o una de las dos partes está alterada. Se debe esperar a dialogar cuando haya calma.

– Es importante tener en cuenta de que los padres no son amigos de sus hijos. Los amigos aconsejan y los padres toman decisiones que consideran importantes para sus hijos, lo cual no tiene porque impedir una buena relación afectiva.

Cuando ocurren conflictos familiares, en muchas ocasiones los padres tienden a culpabilizarse de haber hecho las cosas mal o de cometer fallos en la educación de los hijos. Pero probablemente no hayan cometido errores, seguramente los valores inculcados permanezcan latentes durante esta etapa y saldrán a la luz cuando sean adultos y tengan su propia familia.

Publicado en Psicología del adolescente

Un comentario

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